Hoy, me senté a observar y descubrí, que aquellos a los que veía como amigos, no eran más que marionetas de la vida. Marionetas que bailan a mi alrededor en busca de sus intereses. Todas preparadas para dar su función de hoy. Personajillos movidos, a veces sin sentido, por los hilos de la vida. Algunos, meros guantes, que sostienen en sus manos otros personajes, sujetos a su vez por peanas de superficialidad e hipocresía, dispuestos a “no dejar títere con cabeza”.
Y me pregunté, ¿En qué momento comencé a formar parte de esta obra? ¿Qué papel debo interpretar? ¿Dónde están aquellos amigos que un día eran de carne y hueso? ¿Dónde los que te escuchaban y te solían hablar? Triste pero cierto, vino a mi la soledad...