sábado, 14 de enero de 2012

La Cruz del Caracol

Aún cuando crees que todo esperanza se ha perdido, de repente, un día resurge. Lo das todo pensando que no puedes perder, pero te das cuenta de que, nuevamente, has visto sólo una cara de la moneda. Ves que en cuanto esa moneda se gira deja caer sobre ti una gran cruz. Cruz de humillación, dolor, frustración, vergüenza, tristeza, decepción y rabia. Entonces, te miras al espejo y piensas en todas esas veces que habrías sonreído y, sin embargo, sólo una tímida mueca se deja ver, acompañada de un sollozo, que abre paso a una pequeña lágrima. Lágrima que, desde una diminuta pestaña, gotea y resbala recorriendo tu mejilla hasta chocar con el borde de tu camisa de fuerza y perderse entre los hilos bordados de tu desesperación. En ese instante, un "Por qué" nubla tu mente, y te sientes perdido en medio de una gran tormenta, donde los granizos de la traición no cesan hasta agujerear tu corazón. Te sientes débil como un caracol caído de su hoja, aparece el miedo a que otros, que creen ser superiores, te pisen y acaben con ese caparazón de protección que tú mismo, a base de esfuerzos, llegaste a construir. Y tu voz, tistre y desolada, susurra: "No".

No os dejeis pisar, Nan.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Marionetas de esta vida...

Hoy, me senté a observar y descubrí, que aquellos a los que veía como amigos, no eran más que marionetas de la vida. Marionetas que bailan a mi alrededor en busca de sus intereses. Todas preparadas para dar su función de hoy. Personajillos movidos, a veces sin sentido, por los hilos de la vida. Algunos, meros guantes, que sostienen en sus manos otros personajes, sujetos a su vez por peanas de superficialidad e hipocresía, dispuestos a “no dejar títere con cabeza”.
Y me pregunté, ¿En qué momento comencé a formar parte de esta obra? ¿Qué papel debo interpretar? ¿Dónde están aquellos amigos que un día eran de carne y hueso? ¿Dónde los que te escuchaban y te solían hablar? Triste pero cierto, vino a mi la soledad...

viernes, 16 de diciembre de 2011

Condena

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

      (Antonio Gala)